Uno de los reproches más frecuentes que suele hacerse a los partidos políticos tradicionales en una democracia suele ser el parecido de los contenidos de sus programas electorales. A veces, el votante de a pie se arma un lío porque desde una perspectiva de izquierdas los mensajes de los partidos de izquierdas le pueden parecer a uno demasiado moderados o contemporizadores. Y viceversa: desde la derecha ideológica, la que votaría al PP, pongamos por caso, puede parecer a veces un partido progresista y hasta revolucionario. Reconozco que es mucho imaginar, pero dejémoslo al menos como hipótesis de trabajo.
Todos sabemos que estos son espejismos de campaña electoral, y que los programas ya se hacen contando con el día después en los que para conseguir mayorías habrá que sentarse a hablar con el odiado candidato del partido de enfrente y olvidarse en aras del pragmatismo de bastantes promesas.
Pero hay un sistema para desbrozar los programas y conocer las verdaderas intenciones de los partidos. No es otro que el de conocer lo que piensan y expresan las secciones juveniles de los mismos, que ejercen frecuentemente como de “pepitos grillos” de sus mayores. Estos, a su vez, se sienten obligados a consentirles esa sinceridad supuestamente insobornable en aras de la supuesta democracia interna.
Es más, cuando el gran lider de cualquier partido se presenta ante el congreso juvenil, lo primero que hace es quitarse la corbata. Lo segundo y más importante es ganarse al gallinero diciendo lo que ellos dicen, que es, al fin y al cabo, la doctrina oficial del propio partido sin edulcoraciones ni filtros de prudencia.
Yo estuve un tiempo siguiendo este tipo de encuentros. Pujol y Fraga rejuvenecían y no se cortaban un pelo. Felipe González parecía Alfonso Guerra y el Che Guevara juntos. Zapatero se pone más serio, firme y radical. Ibarretxe, como le pasaba a Arzalluz, explica sin ambajes que el PNV lucha por la independencia pura y dura.
Por eso yo, modestamente, curtido en congresos juveniles, me entero de las cosas con mucho tiempo por delante, y después, lógicamente, no me extraño de nada de lo que pasa.
La juventud...¿Ah! aquello que los politicos creen que es un saco para las reivindicaciones. El pecado de juventud es estar loco ante esa sensacion de poder. Pero vamos a vivir..., hemos entrado en la epoca que todos quieren ser jovenes.
un saludo juanre
Publicado por: juanre retratodelinfierno | enero 25, 2005 en 11:01 a.m.